7 de gen. 2013


El peor día de mi vida fue en Roma. 17 de marzo de 1954. Viajaba con la selección española, dispuestos a pasar por encima de Turquía y clasificarnos para el Mundial de Suiza. Habíamos ganado 4-1 en la ida y la derrota por 1-0 en Estambul nos obligaba a jugar un desempate en suelo neutral. Tiene gracia. Podías ganar 27-0 y perder 1-0 que la eliminatoria estaba igualada. Menuda broma. No os imagináis como eran los partidos fuera de casa en aquél entonces. En comparación, el campo de Boca Juniors sería como ir a la Ópera Garnier de París. Pero las normas son las normas y allí estábamos, en Italia dispuestos a demostrar que teníamos un equipazo. Y entonces apareció un fax.



Se me acercó un hombre con traje y me apartó del grupo. Oye Ladislao, que no podrás jugar. Ni te pongas las botas. No me lo creía, y me mostró el fax. Escrito en Comic Sans. Como si la tipografía endulzara un poco la cuchillada que me clavaban. A mí, que había jugado ya con las selecciones de Hungría y Checoslovaquia además de "La Roja".

Después el partido. Contra los turcos, que nos empataron. Entonces no había tanda de penaltis así que llevaron a un niño italiano al palco, le vendaron los ojos con un pañuelo blanco y le instaron a meter la mano en un recipiente con dos papeletas. Franco Gemma. Franco. Con ese nombre, ¿Que podías esperar? Chapuzas. Sacó Turquía. Tercera selección que representaba y me quedé sin ir a un mundial.

Años más tarde un amigo me intentó consolar asegurando que nadie en la FIFA reconocía haber mandado ese telegrama. Que seguramente había una mano negra. No me sorprendió. Estaba escrita en Comic Sans. Y firmada por un tal Champagne. Nos colaron un gol en los despachos. Los dirigentes de la Federación Española habían quedado retratados. Y a ver quién era el guapo que salía en su defensa.

"No, verá, es que nuestros directivos no alargan mucho. Ya me entiende. Son un poco tontitos. ¿Repetimos el partido?"

Fue el peor día de mi vida.

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